No es menor, dar alguna opinión o querer descargar el estiércol de una sociedad genuina, profunda y casi neófita, cuando se refiere a todos los eventos que estamos viviendo.
Enumerar el sin-fin de noticiosos eventos, es generar una retórica pintoresca de una sociedad agrietada por el futurismo. Pero hay algunos casos que no podemos callar.
Comenzamos con un año (2010), colmado de mediocre bicentenarismo barato, que no comprende el verdadero valor de tal hecho. Hasta en lo mas mínimo que es, reconocer que aún no cumplimos 200 años, que la fecha exacta del bicentenario es 2018. (Qué malos somos para
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